Día 17. Día familiar eslovaco y paella eslovaca


El dia de hoy era para descansar, una insoportable resaca y la falta de fuerzas a estas alturas del viaje nos obligaban a parar.

Cuando vas a Eslovaquia te sorprende ver que la gente tiene unas casas tremendas, todas con su jardín, cesped, etc… La realidad es que aquí, la gente suele convivir con los padres de él, o de ella, hasta que, como dice Villa, como hormiguitas, se van construyendo poco a poco las casas.

Otras recomentaciones 
         

    Otra cosa que nos sorprendió fue, como el padre de Jana, ya jubilado, nos enseñó con mucho cariño su maqueta de tren. Nos contó que, con su primer sueldo, compró una determinada pieza del tren. Lo más sorprendente fue que guardaba todas las cajas de las piezas. ¿Alguien conoce a alguien en España que cuide tanto las cosas y que le duren tantos años? Yo no. Totalmente lo contrario, y por desgracia, cada vez menos.

    La tarde la pasamos en la piscina hinchable, con el vaso de cerveza dentro del agua flotando, parecíamos marajás.

    Los niños jugaban a su rollo. La competición estrella fue cuando hicieron la batalla de las manzanas. David y Ratco a una parte, Enrique a otra. La munición eran manzanas podridas, y el ganador sería el bando que tirara la bandera del otro.

    Por la noche hicimos algo curioso, una paella eslovaca para cenar, con los pocos ingredientes que pudimos juntar.
    Ahora es hora de descansar. Mañana dejamos el país, saldremos hacia Hungría.

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