Día 5. De Bialowieza a los lagos de Masuria


Antes de iniciar nuestro camino al norte del país aproveché para hacer una ruta en bicicleta, de las muchas que se pueden hacer en el bosque de Bialowieza. Para ello recogí la bici a primera hora de la mañana en el puesto que hay al lado del lago.

Esta vez tiré dirección norte, que es donde se encuentra la mayor superficie del bosque de Bialowieza. La verdad es que en el tramo de carretera, debido a la elevada altura de los árboles da la sensación de que estás haciendo senderismo.

Tras cruzar un pequeño pueblo se acaba la carretera y toca ir por un camino. A los pocos metros encontramos un pequeña área con merenderos, es a partir de este punto desde donde se inician muchas rutas de senderismo.

Siguiendo por el camino, todo sigue como antes, unas enormes rectas, a ambos lados una vegetación casi selvática acompañada por un atronador silencio, únicamente roto en el ruido de los pájaros y el aire cuando se pone a soplar

Esta situación, acompañado por la soledad en la que me encuentro, ya que no hay absolutamente nadie en ese bosque tan selvático hace que me de media vuelta. Los 42 kilómetros se convertirán en poco más de 30.

Antes de volver a Bialowieza paro en un observatorio de aves, una alta torre de madera dirección a una inmensa explanada de trigo. Algo muy característico de la frontera polaco-bielorusa. Al lado, una mujer con su furgoneta haciendo lo que nos encantaría hacer en este país, turismo de furgo.

Ya en Bialowieza nos disponemos a salir dirección Masuria cuando una tremenda tormenta empieza a caer justo a la hora que tenía previsto volver. Los pobres ciclistas que justo en este momento salían estarán calados hasta los dientes.

Esta vez no volveremos a Bialystok, vamos por otra parte de Polonia mucho más remota. Una parte en la que pasan y pasan los kilómetros sin ver ni un supermercado, ni una gasolinera, todo mientras la lluvia cae sin cesar, lo que hace todo más oscuro. A una hora de Masuria paramos en algún restaurante de carretera, donde la dueña que no habla ni papa de inglés, pide ayuda a su hija que no llega a los 8 años para intentar decirnos algo.

Tras la sabrosa comida seguimos hacía Masuria y llegamos a Ruciane-Nida, una población desde la que se puede ir en barco hasta Mikolajki, entre medías un entorno espectacular, un regalo para nuestros ojos.

Ya en el camping, situado en un bosque a orillas del río Krutnya la soviética dependienta nos obliga a pagarle en efectivo, hecho que provoca nuestra visita prematura a Mikolajki, uno de los puntos más solicitados de esta zona en el que lo más interesante puede ser el ambiente del puerto.

 

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