Día 15 (parte II). Senderismo en los Tatras


Ya lo comenté anteriormente, que ver un mapa con osos dibujados es algo que a cualquier español impresiona. Pero también es verdad que el senderismo es deporte nacional en Eslovaquia. Por aquí se dice que los osos evitan el contacto con los humanos, y mucho más,  cuando los senderos son muy transitados. 

Al llegar al punto de aparcamiento, de pago en fin de semana, nos encontramos con el parking casi vacío. Había hecho mal tiempo y la gente había preferido dedicar la tarde a otras cosas, era normal. Una vez aparcado el coche, comenzamos nuestra ruta. El entorno es espectacular, los árboles tienen una altitud tan exagerada que es imposible ver España arboles así. Por otra parte, mires donde mires, el verde inunda todo. Es difícil encontrar algún rodal que no esté inundado por la hierba.

Otras recomentaciones 
           

      Hay un sinfín de rutas que se pueden realizar desde aquí. En los puntos de información turística podemos comprar mapas de posibles rutas, con los osos dibujados. Por otra parte, una vez allí, está todo muy bien señalizado, existen mapas al principio de cada ruta.

      En los puntos de información turística podemos comprar mapas de posibles rutas

      En nuestro caso, al no tener mucho tiempo estaremos un rato subiendo hacia arriba, hasta donde lleguemos, antes de el día se oscurezca demasiado. Si hubiéramos tenido algo más de tiempo, hubiéramos podido llegar a un lago que hay situado entre montañas.

      Al rato de comenzar nuestra ascensión, nos adelantó un chico checo entrenando junto a su perro. Sube a una velocidad de vértigo. Estaba empezando hacer frío y poco más adelante decidimos ir bajando, había que subir todavía demasiado para ver algo, y no daba tiempo.

      Más adelante, momentos de tensión. Bajando, nos volvió a adelantar el chico checo, nos dijo que el perro estaba nervioso y que era posible que hubiera osos por allí, por lo que decidió bajar, motivo por el cual aceleramos nuestro descenso hasta el parking.

      Ya en el coche, contemplamos por última vez las montañas que pretendíamos subir antes que el tiempo y las circunstancias impidieran nuestro ascenso a ellas. No ha podido ser, pero ha merecido la pena.

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