Barcelona – Katowice – Cracovia


Tras la experiencia del año pasado en Grecia, que nos salió más cara de lo previsto, este año debíamos afinar más y encontrar un destino más barato y que no hiciera tanto calor. En principio se pensó en hacer un interrail y recorrer desde Bulgaria a Polonia, pero la cosa se iba de presupuesto y, además, eran muchos kilómetros que recorrer. Además de eso, en Bulgaria y Rumanía hacía tanto calor como en Grecia. Así que decidimos hacer un tour por Polonia.

Polonia en un país desconocido para nosotros, del cual conocemos muy poco,  Auswich, Varsovia, Walesa es lo que suele conocer la gente, además de que es un país muy frío.

Cuando termines el artículo te recomendamos echarle a un vistazo a El barrio de Kazimierzs de Cracovia en imágenes  Cracovia en imágenes 

Ya en el avión, conversando con un simpático polaco, nos tumbó varios mitos. Uno de ellos es que es un país montañoso, falso, es prácticamente plano. Otro de los mitos es que es extremadamente frío y que nieva mucho. Esto fue también desmontado por nuestro amigo, según él, en su pueblo no nieva todos los años y tampoco suelen bajar demasiado las temperaturas.

Cuando el avión empezó a descender por debajo de las nubes soltamos nuestro primer ooooooh. Pasábamos del secarral de España a un país totalmente verde, además de eso, se veían muchos lagos desde el avión.

Terminal A #katowiceairport #terminal

A post shared by Katowice Airport (@katowiceairport) on

El aeropuerto era muy pequeño, apenas dos pistas. En él se puede cambiar dinero, cosa que desaconsejamos ya que el cambio que suelen dar no es muy bueno.

Fuera, nos esperaba el autobús de la compañía que por 10 euros nos llevaba hasta la estación de Cracovia. Durante el camino quedamos asombrados por la vegetación de este país.

 

Ya en Cracovia decidimos coger un taxi que nos llevará al hostel, estaba anocheciendo, hacía fresquito y no apetecía ir por ahí con las mochilas a cuestas con un letrero en la cara que ponga, soy guiri, en un sitio que no conoces.

El hostel, en principio, parecía en el mapa que estaba cerca del centro, pero al dejarnos el taxi parecía una zona algo oscura. Se puede ver desde aquí

Tras dejar las mochilas fuimos a cenar algo, no había casi nadie por la calle y las calles eran bastante oscuras, daba un pelín de miedo. Los únicos sitios que abrían eran las alcoholerias iluminadas por unos leds fantasmagóricos.

En poco tiempo, encontramos un sitio abierto, un restaurante con una cabeza de cerdo en el cartel, el cual nos hacía una idea de cual seria nuestro menú. Sabía que teníamos que probar el codillo, pero tras hablar con el camarero, por lo visto, era nuestra única opción. Total, por 12 euros nos zampamos un codillo, acompañado por unos pepinillos gigantes y una cerveza de medio litro. Todo un lujo.

Tras esto, decidimos ir al hostel a coger fuerzas para el próximo día.

 

Otros artículos recomendados